Economia

Lujo de altura a 88 metros bajo tierra

Lujo de altura a 88 metros bajo tierraEn China, un grupo hotelero ha conseguido lo que hasta hace poco parecía misión imposible: que bajar a la mina sea una experiencia de lo más gratificante y glamurosa. Para lograr semejante hito, han tenido que tirar de ingenio arquitectónico, paciencia y billetera hasta terminar la edificación de un hotel cinco estrellas a 88 metros de profundidad en una cantera abandonada. 

El camino hasta finalizar este proyecto no ha sido sencillo. Durante los doce años que duraron los trabajos, su construcción se enfrentó a una sucesión de problemas técnicos que lo retrasaron una vez tras otra. Tampoco puede presumir de ser una obra barata, ya que sus promotores tuvieron que desembolsar unos 2.000 millones de yuanes (255,5 millones de euros) para verlo concluido.

Pero todo eso pareció quedar en un segundo plano hace unas semanas, cuando el complejo abrió sus puertas por primera vez al público con la habitación más sencilla a unos 470 euros la noche. Vista la avalancha de reservas recibidas y las buenas críticas cosechadas, parece que el esfuerzo ha merecido la pena.

“Es un precio alto, pero creemos que vale la pena gastarlo porque es un hotel único que no se puede ver en ningún otro sitio”, declaró el jubilado Bao Lihua, uno de los primeros huéspedes en disfrutar del recinto, al diario South China Morning Post. “La gente de mi edad piensa que es un lugar único que debemos visitar al menos una vez en nuestra vida”, añadió.

De los 18 pisos con que cuenta la estructura, 16 se encuentran bajo tierra, con dos plantas sumergidas en el agua

Este “rascasuelos”, como se le ha bautizado popularmente, se encuentra a unos 30 kilómetros del aeropuerto Shanghai Hongqiao, en las inmediaciones del monte Sheshan. De los 18 pisos con los que cuenta la estructura, 16 se encuentran bajo tierra, con dos de esas plantas totalmente sumergidas bajo el agua. En ese nivel, los huéspedes pueden darle gusto al paladar comiendo en el restaurante, relajarse en el spa o descansar en unas habitaciones que se encuentran frente a un acuario de diez metros de profundidad.

Además de contar con 336 dependencias en las que el precio de la más cara alcanza los 770 euros por noche, el complejo también incluye instalaciones recreativas, deportivas, de escalada en roca y una plataforma para practicar puentin g. Pero comodidades interiores aparte, lo que más sorprende son las vistas exteriores, que incluyen parte de los barrancos del antiguo yacimiento –que cerró en el año 2000 por las nuevas regulaciones medioambientales– y un catarata artificial cubierta por una cristalera que los usuarios pueden contemplar desde los propios balcones de sus habitaciones.

Durante su edificación, el principal reto de los más de 5.000 arquitectos, ingenieros y peones que trabajaron en la obra fue evitar que se inundara la fosa en la que es encuentra. No en vano, en el 2013, un río cercano se desbordó y llenó la cantera de agua hasta la mitad. “Si algo similar hubiera sucedido después de la finalización de los trabajos, habría sido un golpe terrible”, explicó Cheng Xiaoxiang, ingeniero jefe de la promotora inmobiliaria Shimao Property, a la agencia France Press. Para evitar que esto se repitiera, los arquitectos tuvieron que construir una presa, y también optaron por instalar una estación de bombeo para regular el nivel del agua.

“Es un proyecto completamente nuevo, sin relación con lo que conocemos. No teníamos referentes o experiencias en las que nos pudiéramos inspirar para resolver las dificultades”, agregó Cheng.

Por si todo lo anterior fuera poco, los responsables de su diseño aseguran que este es un proyecto ecológico –las canteras abandonadas como esta suelen acabar transformadas en vertederos– que ha sido diseñado para reducir el impacto sobre su entorno gracias a un amplio programa de sostenibilidad que incluye la generación de su propia calefacción e iluminación mediante el uso de energía geotérmica y solar.

“Es la primera vez que una cantera abandonada se convierte en un maravilloso hotel bajo tierra”, subrayó el arquitecto británico encargado de esta obra, Martin Jochman, que también está detrás del lujoso hotel Al Arab Jumeirah de Dubai, famoso por su estructura similar a la vela de un barco. “Ha sido una oportunidad única que me ha dado algunas ideas realmente interesantes de cómo cambiar la relación entre la ciudad y la naturaleza”, apostilló.

Periódico Digital La Vanguardia

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